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Viaje de trabajo y placer a Reynosa, Tamaulipas.

Viaje de trabajo y placer a Reynosa, Tamaulipas.

Porque cualquier pretexto es bueno para rodar, aproveché un compromiso de trabajo en Reynosa, Tamaulipas para convertirlo en una rodada y conocer las comunidades de los estados en la costa del Golfo de México.

 

En esta aventura viajamos Arturo Lafuente y yo (Héctor Varela) en nuestras Suzuki V-Strom 650, aunque el compromiso de trabajo era mío le agradezco a Arturo unirse a esta aventura.

 

Empezamos a gozar del viaje desde días antes del mismo, planeando la ruta, el itinerario y todos los detalles y pormenores del viaje, así como el equipaje ideal y la revisión del buen estado de las motos. 

 

Finalmente llegó el día, salimos de Campeche a las 4 – 4:30 de la mañana con un clima fresco que prometía un viaje agradable, con el plan de llegar hasta el puerto de Veracruz, el cual sería nuestro primer destino y donde pasaríamos la noche para luego continuar hacia Reynosa. Sin embargo había un pronóstico de algo de lluvia un par de horas antes del plan de llegada.

Ya encaminados, y poco antes de llegar a Frontera, Tabasco; caí en un bache enorme que ocasionó que una de mis dos maletas laterales Givi saliera despedida de su base, una de ellas la arrastre y la otra quedó metros atrás, también se me cayó mi celular y quedó hecho pedazos. Afortunadamente salvo el daño a las maletas y el celular no pasó a mayores, y hasta suerte tuvimos porque Arturo venía adelante, y nadie atrás. De haber venido atrás, o algún otro vehículo, pudimos haber tenido más problemas. Suerte también que la maleta que arrastré fue debido a que se atoró con una red que traía puesta, que de no ser así, no me daba cuanta que las maletas se me hubieran caído.

 

Como buenos bikers respiramos profundo, recogimos todo, Arturo encontró mi celular roto a un lado de la carretera, mientras yo sujetaba las maletas de nuevo y las aseguraba con unas ligas que traía, y fué así como seguimos nuestro camino; llegamos a frontera tabasco, en donde paramos a desayunar en el puesto que se encuentra al lado de la estación de servicio GES, donde venden tacos de guisados muy ricos, y donde muchos transportistas, traileros y viajeros se paran a desayunar; es el clásico lugar en donde uno dice “de seguro está muy rico, porque está lleno”, y en efecto, son muy ricos. Rápidamente volvimos al camino y continuamos por varios cientos de kilómetros hasta que llegando a Cosamalopan Arturo se paró en una estación de servicio donde había un restaurante, y me engañó diciendome que comeríamos unos chilaquiles con huevo deliciosos en un restaurantcito y la verdad es que se veían tan buenos que preferí comer pollo a la plancha.

 

Ahí nos llamó la atención otro motoviajero, al parecer Americano que después de estacionar su moto al lado de las nuestras, entró a toda velocidad sin saludar ( para ser sincero, ambos pensamos que qué mal educado era) directo al baño, ahí comprendimos que no estaba siendo grosero simplemente la comida Mexicana ya estaba pasándole factura, al volver y con cara aliviada nos saludo y platicamos brevemente, nos contó que iba rumbo a Vancouver, Canadá y venía desde San Cristobal de las Casas, Chiapas, en donde actualmente radicaba.

 

Seguimos ya, rumbo al Puerto de Veracruz y llegando justo al cruce de La Tinaja nos agarro la lluvia pronosticada,  y tuvimos que resguardarnos bajo un puente para ponernos los impermeables que llevábamos a la mano y poder continuar, hasta llegar al Airbnb a descansar. Llegamos como a las 5 de la tarde al departamento en la zona denominada costa de oro, por cierto, la zona muy bonita, y llena de autos de lujos al parecer alguno de ellos blindados y con guardaespaldas, lo que no necesariamente nos hace sentir tranquilos, pero bueno, confiamos en nuestro buen destino.

 

Aprovechamos que ya estábamos más tranquilos y bañados y llamé a J.C. Bravo, un amigo del grupo de V-Strom México, y quedó en llegar a vernos más noche.

Mientras tanto, fuimos a cenar a tan solo 1 cuadra del hospedaje, a uno de los tradicionales “Cafés La Parroquia”, no podía dejar pasar la oportunidad de tomarme un lechero, y estuvimos ahí, conversando y escuchando las conversaciones de otro grupo de personas que estaban en las otras mesas, que hablaban en voz alta y solo hablaban de temas del Covid y de las personas cercanas a ellos que habían sufrido o inclusive perdido la vida, eso nos ahuyentó del lugar y regresamos al hospedaje. 

 

Más noche llegó J.C. Bravo junto con su esposa y otro miembro del grupo, estuvimos platicando super agusto hasta ya entrada la noche. Conversamos también del plan que tenían un grupo de 10 personas, entre ellos J.C. Bravo, de ir 20 días a recorrer los estados de Baja California Sur y Norte, “ir a la baja” le dicen, y la verdad que tanto a Arturo como a mí nos entusiasmó mucho la idea, aunque finalmente decidimos no meterle, ya que eran muchos días y muy cercano al viaje que estábamos haciendo.

 

Al día siguiente continuamos nuestro camino, el plan era llegar hasta Tampico, en el Estado de Tamaulipas y ahí pernoctar, sin embargo al parecer el lechero de la noche anterior no me cayó muy bien y estuve sufriendo varias paradas en el camino para relajar el malestar y eso hizo que mejor no siguiéramos más allá y quedarnos en Tuxpan Veracruz, sin embargo, que bellos paisajes disfrutamos en la carretera rumbo a Tuxpan, y no puedo dejar de mencionar lo impresionante que es toparse con la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde, y los letreros de ruta de evacuación plan de emergencia radiológica externo. 

 

Por cierto pasamos por una comunidad llamada Potrero Nuevo (la verdad no me acuerdo bien) donde comimos una cecina deliciosa en un restaurante llamado La Única. Ahí mismo estuve a punto de comprar una piel de borrego, que aseguran que si se lleva como cubre asiento en la moto, te hace viajar más cómodo y fresco, sin embargo no me animé ya que me dijo la misma mesera, que no era resistente a las lluvias.

 

Ya en el hotel en Tuxpan y con el estómago recuperado, decidimos pedir una pizza para cenar y mientras esperábamos, salí en busca de unos refrescos cuando de pronto el portero del hotel me detiene y me pregunta a donde voy, evidentemente sorprendido por el cuestionamiento y pensando que quizás lo hacía por mi seguridad, le dije que iba a la tienda por un refresco y que si había algún problema o algo que tuviera que tener en cuenta, a lo que alegremente me respondió mientras me extendía un billete de $50 pesos -¿Me trae una Pepsi?-, que cosa más rara nunca me había pasado algo similar en un hotel Best Western, pero vamos, que me costaba traerle su Pepsi.

 

En camino a la tienda y caminando junto al río Tuxpan me topé con un ambiente festivo, la gente bailando en la disco, disfrutando los tacos y con una agradable vida nocturna.

 

Casi olvido que cuando llegamos al hotel, Arturo y yo decidimos imitar al famoso youtuber Charly Sinewan, cuando en sus videos se filma entrando a su habitación cargando sus maletas, las asienta y se desploma sobre su cama a descansar, jajajaja. Fue muy divertido.

 

Al día siguiente nos levantamos temprano y motivados para salir a Reynosa, pero oh sorpresa que me lleve al probar la limonada en el desayuno, estaba fatal para rematar me costó $45 pesos en el hotel, ya estaba pintando mal el día.

 

La autopista que conecta Tuxpan con Tampico, está muy padre, los paisajes son muy bonitos y particularmente se denotan los cultivos de árboles de naranjas y limones por miles y miles.

 

Nos quedamos impresionados al pasar por un complejo de PEMEX que queda entre Tampico y Altamira; en Campeche tenemos instalaciones de PEMEX pero ninguna como esta; seguimos nuestro camino por una carretera angosta que nos llevó a Aldama, un poblado desolado parecía un pueblo fantasma. Bien me decían mis compañeros de trabajo, con los que me encontraría en Reynosa, que esa carretera era como la película “la masacre de Texas”, la cual prometo ver próximamente, pero apostaría que fue filmada en ese pueblo.

 

Más adelante, y aproximadamente cuatro horas antes de llegar a Reynosa en un retén militar nos topamos con tres bikers del motoclub Mañosos Riders de Cd. Victoria quienes nos comentaron que también se dirigían a Reynosa y nos invitaron a rodar junto con ellos, a lo que accedimos con gusto. Por cierto no había visto antes un retén militar tan grande y bien organizado como ese, tiene cerca de 15 o 20 módulos que alberga a ya sea un auto o un camión de pasajeros cada módulo, y donde hacen descender a todos los pasajeros y en algunos casos hasta bajar sus maletas y pasarlas por bandas de revisión de Rayos X, como los hay en el aeropuerto. Me impresionó mucho.

 

Después de acceder nos agradecieron por aceptar ya que el siguiente tramo de la carretera a Reynosa es considerado uno de los más peligrosos del rumbo, de hecho en ese tramo tuvimos un incidente, los 3 Mañosos Riders venían delante de nosotros y alcanzamos a un vehículo blanco de lujo con los cristales polarizados, dos de los bikers de Mañosos Riders lo rebasaron y al tercero, el auto de lujo,  no le permitió rebasar en repetidas ocasiones, lo cual nos puso un poco nerviosos; de pronto venían dos camiones de frente, y el vehículo blanco cambio de carril y acelero a tope, los camiones tuvieron que hacerse a un lado y los bikers que iban adelante se apartaron del camino para impedir un accidente. Finalmente el auto logró rebasar a los 2 biker que iban en la punta y se adelantó cerca de 300 metros hasta que frenó y salió del camino, en una entrada hasta detenerse, y sin bajar los cristales ni dejar de pisar el freno, lo pasamos de un lado y seguimos nuestro camino.

 

Al final llegamos a Reynosa, los bikers de Mañosos Riders nos recomendaron un hotel de confianza donde se hospedarían ellos también más tarde. Una vez que nos acomodamos en la habitación y a falta de agua, cruzamos al 7eleven frente al hotel y estaba cerrado, como buenos campechanos confiados, nunca nos imaginamos que no debimos haber hecho eso, ya que cuando volvimos preguntamos al portero del Hotel a qué hora cerraban el 7eleven porque fuimos y estaba cerrado, con cara de sorpresa nos dijo que lo mejor era no salir ni al 7eleven a esa hora… eran la 7pm.

 

Al otro día por la mañana salimos a cumplir con el compromiso de trabajo que motivó este viaje y aunque la intención era quedarnos a conocer Reynosa, después de la experiencia vivida en la carretera decidimos regresarnos a alguna zona menos «caliente». 

 

Antes de salir del hotel nos topamos con los Mañosos Riders quienes nos invitaron a una carnita asada en un poblado cercano llamado Río Bravo, pero decidimos no ir. Al otro día nos enteramos por las noticias, que habían matado a unas personas en ese mismo poblado el mismo día que íbamos a ir y que bueno que no fuimos. Mantuvimos después contacto con nuestros amigos de Mañosos Riders y afortunadamente todos estaban bien.

 

Sin embargo, nos quedaba pendiente la foto en el centro de Reynosa y cerca de “las letras”, y se nos atravesó un rico restaurante frente al centro, donde degusté un exquisito filete a la tampiqueña. Fue ahí que nos dimos cuenta, que la gente local era sumamente amable, la mesera que nos atendió, los taxistas del sitio de taxis que nos permitió estacionar nuestras motos frente al restaurante aunque invadiéramos parte del sitio de taxis, y los agentes de la policía municipal los cuales, inclusive nos dieron una breve orientación turística. Notamos también que el puente fronterizo con la vecina ciudad de Mcallen estaba prácticamente desierta. Y en un corto momento, pudimos ver el famoso Río Bravo. 

Finalmente salimos de Reynosa como a la 1pm, con el objetivo de llegar a un poblado ya en el Estado de Nuevo León llamado Linares, de donde es el conocido grupo norteño “Los cadetes de Linares”. Llegamos a Linares apenas antes del atardecer, y el camino cambió drásticamente para bien, mientras en casi todo el camino que cruzamos de Tamaulipas, desde Tampico hasta Reynosa era polvoso, desordenado, sucio y con aspecto de abandonado, el camino a Linares era un espectáculo de cultivos de árboles de naranja, corrales enormes de ganado y en cada poblado o ranchería que cruzábamos había gente fuera de sus casas tomando el fresco y conviviendo en ambiente familiar. Inmediatamente nos tranquilizamos y nos sentimos más cómodos y seguros.

 

Explorando las canciones de Los Cadetes de Linares nos gustaron 2 canciones que de seguro marcarán este viaje, la canción de “Los Dos amigos” que parte de su coro canta así: “Amarillo, no me pongo, Amarillo es mi color, he robado trenes grandes y maquinas de vapor” y la otra canción es “El Asesino” que su coro dice algo así como : “Me dicen el asesino por hay, y dicen me anda buscando la ley, porque mate de manera ilegal, la que burlo mi querer”, y como dejar por fuera los acordes iniciales del acordeón de la canción  “El Palomino” y su “currucú, currucú, le cantaba el palomino”. Jamás había sido fan de este tipo de música y menos de los Cadetes, sino hasta este viaje.

 

Dando la vuelta en una esquina, a Arturo se le ladeó su moto y “sueeeeelo”, dice el que solo lo vieron 2 viejitos que inmediatamente quisieron auxiliarlo, sin embargo rápidamente se incorporó y no me dió la oportunidad de ni siquiera tomarle una foto del recuerdo.

 

Al día siguiente, nos topamos con la sorpresa que, por orden gubernamental del Estado de Nuevo León, no había ningún negocio abierto, ni los oxxos siquiera. Afortunadamente encontramos que fuera de una casa vendía solo para llevar una carne deshebrada bastante sabrosa, la cual llevamos al hotel a desayunar, y en una máquina de monedas pudimos comprar unos jugos, lo cual nos salvó de desayunar rico, y para mejorar aún más la suerte, la recepcionista del hotel me regaló una taza de café del que ella misma preparaba para su consumo, de Reyes.

Esa mañana, otros amigos del grupo de Vstrom México, nos recomendaron pasar por la denominada “sierra de Iturbide”, la cual atraviesa una carretera angosta de dos carriles llena de curvas y emociones, pues decidimos irnos por ahí, ya que llevábamos muy buen tiempo para conseguir nuestro destino que era llegar a San Luis Potosí.

 

Nuestros amigos del grupo Vstrom México, se quedaron cortos en describir la belleza de paisajes y curvas de esa pequeña, pero emocionante carretera que atraviesa la sierra, caray, si hubiera habido más tiempo, de seguro la volveríamos a recorrer 2 o 3 veces de ida y vuelta.

 

Arturo se ha caracterizado siempre por ser un excelente guía, y esta vez no fue la excepción, en una de las paradas a descansar, ya encaminados a la ciudad de San Luis Potosí, me propuso desviarnos para ir al poblado de Real de 14. Que barbaridad, que increíble esta ese poblado, que hoy en día es muy turístico, pero conserva perfectamente las características de un pueblo minero del siglo pasado, abandonado, y que para llegar ahí, es necesario en primera instancia, recorrer cerca de 30 kilómetros de un camino empedrado y después atravesar un túnel de cerca de 2 kilómetros debajo de unos cerros enormes hasta llegar al poblado.

 

 

Para ser sincero, nunca nos imaginamos lo lleno de gente que estaría el poblado, obviamente era domingo, que podíamos esperar de un lugar tan hermoso como ese. Sin embargo y para cuidarnos del aglutinamiento de personas, decidimos estacionarnos en una calle bastante empinada pero sola, y sacar 2 ricas y nutritivas latas de atún con verduras, un par de sobres de galletas saladas, y calmar el hambre feroz que traíamos.

 

Continuamos por nuestro camino, no sin antes hacer el mismo recorrido, pero ahora de regreso. En el camino logré conseguir un bonito sombrero tipo texano, que desde hace tiempo quería conseguir, pero que en Campeche me ha sido imposible hacerlo, y ahora por $300 ando de arriba para abajo con mi sombrero norteño escuchando a los Cadetes de Linares.

 

 

Llegamos por fin a San Luis Potosí, Arturo consiguió vía Internet un hotel con las BBB, (Real de Minas) que nos permitió descansar muy bien. Lástima que había un poco de fresco, porque sino hasta la alberca hubiéramos gozado. Afortunadamente había una pizzería abierta a unos metros del hotel, así que para variar un poco, cenamos pizza.

 

Al día siguiente el objetivo era pegarle hasta Córdoba, Veracruz y enfilarse ya de regreso a Campeche. Sin embargo, nos esperaba una agradable sorpresa antes de llegar a Córdoba y como siempre, el Arturo y sus excelente recomendaciones, nos desviamos a un poblado antes, denominado Fortín de la Flores.

 

Un poblado tranquilo, con gente muy amable, donde pasamos un atardecer muy tranquilo comiendo una paleta de hielo. Nos ofrecieron refresco ya que “nos gusta ser buenos anfitriones” nos dijo la madre de familia que estaba disfrutando la bonita tarde junto a su familia, nos hizo sentir muy bien. Ya en Córdoba nos hospedamos en el ya tradicional hotel de la 5ta avenida, y estacionamos las motos en el estacionamiento que queda a 1 cuadra de ahí, y que el dueño también es biker.

 

En la mañana, logramos saludar y desayunar con nuestro amigo “El Pato”, ya que pudo contactarlo Arturo y afortunadamente pudimos convivir un rato con él.

 

Después de cargar de nuevo todo nuestro equipaje, y de casi un solo jalón de 12 horas, le pegamos hasta Campeche, al llegar al mismo punto donde partimos, nos tomamos la foto del recuerdo del fin del viaje, nos dimos un fuerte abrazo por el logro alcanzado y cada quien para su casa.

Solo el que ha viajado en moto de esta manera, entenderá que el fin de viaje tiene sentimientos encontrados, por una parte el deseo ya de ver a la familia y descansar en tu propia cama, aplacando el dolor de las nalgas por permanecer tanto tiempo sobre tu moto, y por el otro lado, la nostalgia de todo lo vivido y las ganas de experimentar la libertad que solo andar en moto en la carretera te brinda.

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Recorriendo el mundo en mi V-STROM 650

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